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Lo normal es que piense
en Nicholas Negroponte, director del MIT Media Lab y
reconocido cheerleader del mundo digital y de sus
implicaciones en la economía y la sociedad del futuro.
Un auténtico visionario del mundo que se nos viene
encima y que plasmó, en el ya lejano año de 1995, en
una obra convertida en objeto de culto por la facción más
lanzada de los tecnófilos: Being Digital (en
castellano, El Mundo Digital).
Lo cierto es que el Sr.
Negroponte suele ir algo lejos en sus profecías, que en
ocasiones parecen más propias de la ciencia-ficción
que del análisis del futuro, por lo que hay quienes no
tienen reparos en apodarlo "Nutty Nick", que
se podría traducir como "Nick el Chiflado". Y
si hay algo que le place especialmente es exponer esas
profecías en las conferencias en las que habitualmente
participa en los más recónditos rincones del planeta
ante audiencias variadas pero siempre ansiosas de
recibir aunque sea una sola chispa de su ingenio.
Claro que a mí también
me haría ilusión si como él cobrara por una horita de
charla la friolera de 15 millones de pesetas (casi US$
80.000), más gastos: viaje en primera clase, suite
en hotel de cinco estrellas, automóvil con chófer a su
permanente disposición. Y luego todas esas entrevistas
a los medios de comunicación que hacen cola durante
horas para charlar con él antes y después de las
conferencias, a 3 millones de pesetas (más de US$
15.000) cada una. Cifras no confirmadas (que yo sepa no
ha impreso su tarifa de precios), pero millón arriba,
millón abajo, es por ahí por donde van los tiros.
En cualquier caso,
Negroponte recaló en Barcelona el pasado 28 de
septiembre para intervenir en la inauguración de las II
Jornadas Euroecom, y esa era una ocasión que un humilde
servidor no podía dejar escapar. ¡Ver a Negroponte en
mi propia ciudad! Eso es lo que pensé, y por lo visto
también lo pensaron varios cientos de personas que
atiborraban la sala del barcelonés Hotel Fira Palace
donde se iban a celebrar las Jornadas.
Lo cierto es que en su
intervención barcelonesa Negroponte no sorprendió,
porque muchas de sus afirmaciones eran ampliamente
conocidas y se habían podido oír en cientos de
ocasiones; pero tampoco defraudó, porque dejó ir
muchas de esas perlas que lo han colocado en lo más
alto del podio de los tecno-evangelistas y que sin duda
la audiencia hubiera notado a faltar si el bueno de Nick
se hubiera reprimido. Pero también, y justo es
reconocerlo, Negroponte demostró sus cualidades de
habilísimo orador, cualidades nada extrañas en
conferenciantes estadounidenses y que tantas veces
echamos a faltar en los europeos. Igualmente, tuvo la
sabiduría de adaptar gran parte de su discurso a las
circunstancias del lugar y de los asistentes, disertando
sobre cuestiones tan actuales, y tan europeas, como los
polémicos sistemas de concesión de licencias
UMTS. Y por supuesto demostró sus raíces latinas
al señalar en varias ocasiones, aunque lógicamente con
otras palabras, eso tan mediterráneo de "ya lo decía
yo hace tiempo".
La sorpresa de Internet
Tras disculparse cortésmente
por no poder dirigirse a la audiencia en castellano,
comentó que el fenómeno Internet, ya eclosionado y
consolidado (lo que no dijo es dónde), parecía haber
agotado ya la capacidad de generar sorpresa. Pues no,
porque en su opinión todavía quedan dos grandes
sorpresas en torno a la Red.
La primera es la
distribución geográfica de los usuarios: recordó que,
hace diez años, los profesionales del sector cometían
el craso error de reírse de sus predicciones de que, en
diez años, habría 1.000 millones de internautas, y le
decían que eso era absolutamente imposible. Pues bien,
ahora que falta poco para alcanzar ese hito, tienen el
atrevimiento de cometer otro error pensando de forma
diferente a él, porque Negroponte cree que el
crecimiento del número de usuarios a partir de ahora va
a darse en los países en desarrollo. Una conclusión
para la que no habrá tenido que sudar demasiado si se
piensa que sólo se puede ser convertir en internauta
quien aún no lo es; difícilmente el crecimiento puede
venir de los países cuya población ya está
mayoritariamente conectada.
Por otro lado, tenemos
que aplaudir que Negroponte no leyera el famoso informe
de Forrester sobre las diferencias internáuticas
entre el norte y el sur de Europa, o que si lo leyó no
le hiciera ni caso: piensa el gurú de Boston que los países
mediterráneos y latinos, y de forma muy particular España
-dadas sus conexiones con América Latina- disponen de
una ventaja cultural sobre los países de tradición nórdica
a la hora de adoptar las nuevas tecnologías y
especialmente Internet. Destacando que hay mucho que
hacer todavía para mejorar las infraestructuras de
comunicaciones, también aplaudió todo lo que se está
haciendo en esa dirección, seguramente para evitar que
Artur Mas (conseller de Economía, Finanzas y
Planificación de la Generalitat de Catalunya), que
estaba sentado a su lado, le diera un coscorrón. Según
Negroponte, lo digital se corresponde mucho mejor con lo
latino, ya que ambos tienden a la descentralización,
que con lo nórdico. Y ello es debido a tres rasgos de
los países sureños cuya formulación, si se fijan, no
está exenta de ingenio:
- El enorme respeto
que existe por el ciudadano de a pie (the small
guy) por el individuo y, en la economía, por
las microempresas.
- La relevancia de la
economía sumergida, que posee un espíritu mucho más
dinámico que la oficial, y que se asemeja más al
que existe en el comercio electrónico B2C e incluso
en el B2B: en este sentido, la economía sumergida
habría servido como "entrenamiento" para
la economía digital
- La falta de respeto
por la autoridad en los países latinos ("sana
falta de respeto", se apresuró a aclarar
mirando de reojo al ya mencionado conseller
Mas, evitando así un seguro rapapolvo), que es algo
inhabitual, por ejemplo, en países como Alemania y
Japón
Específicamente,
comentó las excelentes perspectivas de América Latina
y de España, dado que disponen no sólo de un idioma
común, sino de una población joven y unas economías
ciertamente con desafíos importantes pero que, incluso
en los peores casos, no figuran entre los 50 países más
pobres del planeta. Menos mal. También destacó la
ventaja de la cultura tolerante y descentralizada de
Brasil para convertirse en plaza fuerte del Internet
futuro. "If you can do the samba, you can do the
Internet", dijo textualmente para corroborar esta
opinión. Se lo juro, lo dijo exactamente así.
Por lo menos quedaba
claro que era su propia visión de las cosas, y no el
resultado pseudocientífico de una supuesta encuesta
cuya metodología no ha sido jamás desvelada como ocurría
en el infame informe (valga la cacofonía) de Forrester.
Algo es algo.
La segunda sorpresa que
todavía nos tiene preparada Internet es que su
verdadero futuro no estará en los ordenadores, ni en
los teléfonos móviles, ni siquiera en la TV. Para
Negroponte (y para unos cuantos más, dicho sea de
paso), en el futuro todos los objetos cotidianos estarán
conectados a Internet. Desde la lavadora, que los
fabricantes entregarán gratuitamente a los usuarios
pasando a cobrar por cada lavado, hasta las cafeteras
exprés, que podrán bajarse las nuevas
modalidades de preparar el café, pasando por multitud
de cosas que sin que seamos conscientes dispondrán de
un microprocesador conectado a Internet, destacando
especialmente los juguetes.
Nicholas Negroponte rodeado de cajas con su libro Being
Digital, en 1995
Y llegado a este punto,
el bueno de Negroponte no pudo evitar echar mano a una
de sus predicciones favoritas: la de que dentro de pocos
años habrá más muñecas Barbie conectadas a Internet
que ciudadanos estadounidenses (no dijo nada de las
hinchables, lástima). También narró una escena muy trekkie
de un futuro en que los circuitos electrónicos se podrán
"estampar" en impresoras que serán habituales
para "crear" teléfonos celulares de un solo
uso sobre una hoja de papel; en ese momento, seguro que
más de una de las personas del público tuvo tentación
de mirar el bloc de notas que la organización
amablemente había entregado a los asistentes, por si
acaso había que apagarlo para que no sonara...
Europa, ¿a dónde vas?
Negroponte no dejó
pasar la oportunidad de referirse a Europa, no sin antes
advertir que creía estar legitimado para hacerlo
porque, aunque siendo estadounidense, se siente casi más
europeo debido a su ascendencia y por vivir más tiempo
a éste que al otro lado del Atlántico durante el año.
Para empezar afirmó,
en una de las partes -a mi juicio- más sensatas de su
intervención, que el supuesto adelanto europeo en
tecnologías inalámbricas se puede disolver como
azucarillo en agua debido a tres motivos:
- Las subastas
de espectro radioeléctrico, que calificó de gran
error, por elevar el coste de los operadores hasta
extremos en que se compromete su rentabilidad
futura. Afirmando ser un defensor del libre mercado,
insistió que la subasta de licencias UMTS no es el
sistema correcto de concesión, particularmente
porque no se trata de subastas verdaderamente
libres: los operadores se ven obligados a pujar en
ellas para no quedar fuera de la tecnología.
- El propio UMTS, es
decir, la telefonía de tercera generación, acabará
siendo un estándar transitorio, y por tanto de difícil
rentabilización, entre la generación 2,5 (GPRS) y
la cuarta, en la que ya se está trabajando. Cuando
los usuarios lleven un tiempo usando dispositivos
GPRS, que ofrecen prácticamente las mismas
prestaciones del UMTS aunque a velocidad inferior,
no tendrán incentivo suficiente para migrar poco más
tarde a éste último. Y aún menos si el enorme
coste de las licencias impide que los precios sean
suficientemente económicos.
- El uso creciente de
dispositivos inalámbricos basados en estándares
como Bluetooth u otros, que ocuparán espectro
radioeléctrico desregularizado y no sometido a
licencia. Se tratará de redes informales tipo peer-to-peer
que llevarán a cabo muchas de las funciones de los
dispositivos UMTS y convertirán a éstos en
innecesarios.
Negroponte terminó
refiriéndose a la diferente concepción del capital
humano en Europa y en Estados Unidos; en el Viejo
Continente, es la propia estructura familiar la que
desincentiva la toma de riesgos y no fomenta el espíritu
emprendedor, algo que está cambiando pero llevará su
tiempo. A diferencia de lo que ocurre en los EEUU, el
fracaso en Europa es visto como un estigma, y no como
una oportunidad para el aprendizaje. Al mismo tiempo,
existe en la cultura europea una sensación de que los jóvenes
deben buscar la seguridad que da un empleo fijo, en
lugar de arriesgarse a sacar adelante un proyecto
empresarial por su cuenta con los riesgos que ello
implica.
Fuente: Baquia.
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